“EL ESTADO ÓPTIMO DE LA SALUD ES LA ESPIRITUALIDAD”
Las vivencias están impresas en el cuerpo. Cada persona tiene un esquema corporal en el que se han marcado actitudes y sus dificultades, el grado en que acepta y rechaza su cuerpo. Pero al conocer, valorar y aceptar ese esquema, también se puede modificarlo o ampliarlo. A facilitar este proceso es a lo que se dedica Javier Muro.
Texto: Namasté
Tu trabajo consiste en ayudar a parar la mente y sentir el aquí y ahora ¿Cómo lo haces?
El trabajo que yo hago está en la línea de las terapias humanistas, básicamente del mundo de la Gestalt, donde se trabaja con lo que le pasa a la persona en el presente. Hay poca interpretación, poco análisis de lo que está pasando y mucho ayudar a que la persona se conecte en el aquí y ahora. Poco a poco me he ido especializando para hacer eso a través del trabajo corporal. No tanto el lenguaje verbal, lo que se dice, sino lo que va pasando en el cuerpo. El objetivo es que la persona entre en el presente y deje de pensar, y facilitar que aflore lo que le está pasando. Para mí, la herramienta más eficaz es el trabajo con el cuerpo, todo lo que tiene que ver con contacto. Trabajar el movimiento, la respiración, la expresividad, el contacto corporal con el otro. Los humanos somos seres de contacto, somos mamíferos. Venimos al mundo desvalidos. Ganamos autonomía a través del contacto íntimo con la madre, el contacto con la piel. Todo lo que aprendemos es emocional, aprendemos a través de tocar al otro. Aprendemos por pura imitación, que también es contacto.
A veces parece que no habitamos nuestro cuerpo, como si no estuviéramos bien instalados en él.
Imagínate una casa. Supongamos que es tu cuerpo. Tú vienes al mundo habitando esta casa, este cuerpo. Lo que pasa es que con el tiempo vas cerrando habitaciones. Si en una habitación ocurre algo que te desagrada, la cierras y deja de existir. Vas desconectando y negando partes. Si por ejemplo estar triste no era conveniente en mi entorno, voy a desconectar corporalmente de todo lo que es triste, voy a ir perdiendo la capacidad de ponerme triste. La tristeza es una emoción, y las emociones tienen que ver con el cuerpo. Cuando esté ante una situación que me pone triste, voy a anestesiarme y voy a perder el contacto con partes de mi cuerpo. Esto sucede con todas las emociones. No es que habitemos poco el cuerpo sino que lo vamos deshabitando.
Supongo que si eso se repite regularmente, puede crear un patrón y crear una especie de armadura en nuestro cuerpo.
Nosotros llegamos al mundo sin capacidad para hablar, o sea que no podemos ex-plicarnos a nosotros mismos lingüís---ti-camente lo que pasa. Durante un tiempo no pensamos con palabras. En esa época, el contacto con lo que pasa es directo. Por ejemplo, si un niño es curioso y está alegre, hace ruido, toca las cosas, ríe... va armar ruido en general. Si en esa familia eso molesta, porque están preocupados, porque tienen mucho trabajo, por el motivo que sea, cada vez que ese niño está alegre y arma ruido, recibe un mensaje desagradable, poco a poco dejará de hacer eso, no porque lo decida, sino porque la situación será incómoda. La familia ni siquiera se da cuenta, por-que están preocupados de otros asuntos. En ese caso, se opta por inhibir esa alegría y curiosidad para obtener una mirada dulce de su mamá. De esa manera se va cortando la expresión libre, se adquiere una forma corporal y de respiración, que facilita desconectar de la alegría y de la curiosidad.
¿Cuándo incorporamos el lenguaje en nuestra vida dejamos de estar en contacto directo con lo que sucede?
Con el lenguaje aprendemos a estructurar lo que nos pasa, pero también nos podemos perder en esa estructura. En el ejemplo anterior, el niño estructurará la realidad diciendo: “No está bien armar ruido.” Y habrá llegado a esa conclusión porque cuando hace ruido provocado por su alegría y su curiosidad, su mamá no le mira dulcemente. Entonces reprimirá su curiosidad y en el futuro tendrá problemas para expresar la alegría.
¿Cuándo podemos decir que una persona tiene un contacto óptimo con su cuerpo?
Cuando puede pasar por todas las emociones sin quedarse enganchado a ellas durante mucho tiempo. Si sucede algo triste, puede vivir la tristeza, pero si después viene un momento en el que pasa algo alegre, puede dejar esa tristeza y entrar en la alegría. Y si a continuación pasa algo que le hace enfadar, puede abandonar la alegría y sentir el enfado. La parte saludable sería poder transitar por todas las emociones y para eso el cuerpo necesita no estar demasiado bloqueado.
¿De qué estamos hablando cuando hablamos de emociones?
Básicamente hay 4 emociones: alegría, tristeza, rabia y miedo. El resto son variantes. La emoción es un proceso corporal. Si tú captas algo que te hace gracia, antes de que te rías, por dentro pasan muchísimos procesos. Desde el cerebro se van a generar una serie de sustancias que se van a transmitir al sistema nervioso. Esas substancias van a provocar un estado físico que provoca que muevas unos músculos. Si de repente estás delante de un tigre, no importa ni que pienses en el miedo. Tus sentidos van a captar lo que hay alrededor, en este caso un tigre, y se van a generar una serie de sustancias en tu interior que van a accionar tu sistema nervioso y tus músculos para que salgas corriendo sin apenas haber tenido que pensar. Eso es una emoción. Es un proceso absolu-tamente corporal.
Entonces, las emociones no son ni buenas ni malas. Todo depende de cómo reaccionemos ante su presencia...
Las emociones siempre sirven para algo. Siempre sirven para que tú hagas algo. Las emociones no son ni buenas ni malas, pero hay algo que no funciona cuando pasa algo bueno y tú te enfadas. No es que el enfado sea malo, sino que esta emoción está fuera de lugar. Algo está pasando que no funciona.
¿Entonces, lo que ocurre es que no gestionamos bien nuestras emociones?
Las emociones empiezan a ir mal cuando se convierten en fantasías, lo que en el mundo oriental se conoce como Maya. Una cosa es lo que pasa y la otra es la ilusión provocada por la emocionalidad. Esto sucede cuando una emoción se queda pegada y no transitas por ella.
¿Nuestras emociones esculpen nuestro cuerpo?
La historia personal está escrita en el cuerpo. Somos una escultura dinámica y se puede trabajar y aflojar eso. La terapia no trata de proporcionarnos una salud que no tenemos, sino de ayudar a sacar las limitaciones que ha ido adquiriendo la persona. La persona es una fuente de salud.
Entonces, sería genial que a los niños se les potenciase según su propia naturaleza.
Para poder hacer eso, necesitamos adultos sanos.
Parece que por el momento no tenemos muchos disponibles...
Lo que es cierto es que los niños necesitan educadores y familiares con sensibilidad, que no tengan miedo de sus propias emociones. Si el adulto no tiene miedo de sus propias emociones, el niño va andar seguro, va crecer bien. Y él solo se va a regular si al lado tiene modelos de flexi-bilidad y que no primen más unas emociones que otras, que no creen un niño que tenga que hacer demasiadas cosas para llamar la atención o un niño que tenga que encogerse porque cree que molesta. Los niños necesitan adultos con capacidad de estar sanos.
¿Qué influencia tiene la sociedad en este proceso de llegar a ser un adulto sano? ¿En qué medida estamos influidos por lo que nos rodea?
Yo tengo la impresión de que si el individuo mejora, mejora la familia y mejora lo social. Tengo la impresión de que lo que hace falta es que haya individuos que vayan mejorando patrones dentro de la sociedad. Además, la persona se sana en grupo. En el grupo la persona avanza, se redescubre. Un grupo es una mini-sociedad. Lo grupal es muy importante.
¿Cómo se aplican las herramientas del teatro en la terapia?
Por ejemplo, podemos exagerar nuestras corazas o nuestros patrones y relacio-narnos desde esa exageración de eso que tenemos. O podemos hacer justo lo contrario. Podemos imitar lo del otro. Todos tenemos de todo, pero como decíamos antes, hay habitaciones de nuestra casa que no visitamos mucho. Se trata de poder visitar partes de nosotros mismos que no son tan conocidas. Eso es muy fácil de hacer corporalmente.
El teatro tiene muy buenos recursos para que un actor se pueda meter en la piel de un personaje. Nosotros podemos utili-zar esos recursos para entrar dentro de un personaje que forma parte de noso-tros y que tenemos olvidado. Todo pacifista lleva un militar dentro y todo militar lleva un pacifista dentro. Sin faltar al respeto, también podemos decir que cualquier monja lleva una prostituta dentro y al revés.
Todos tenemos diferentes aspectos, pero no todos son tan conocidos. El poder conocer esos aspectos nos da más libertad, así cuándo vemos alguien diferen-te, somos más tolerantes, podemos entender mejor lo que le pasa.
BIENVENIDA · NUESTRA ORIENTACIÓN · CONTACTANOS · DOCUMENTOS Y ARTÍCULOS
Que es Lo Corporal · Quienes somos · Cursos y Talleres · Clases de Movimiento · Sesiones Individuales · Formación Lo Corporal · Lo Corporal para Educadores · Gestalt Corporal
